
Bea – Mamá, mamá, me voy a Haití.
Madre – ¿A qué, hija? ¿No es ahí donde acaba de haber un accidente en la Tierra y se ha quedado todo más empedrado que Grecia?
B – Sí, madre, el redactor jefe de la agencia me obliga a ir a cubrir el post-terremoto. Bueno, en realidad me lo ha ofrecido y he aceptado, cobraré 300.000 euros.
M – ¿Qué me estás contando, Beatriz? Eso será si sobrevives. ¿Se te ha atragantado una pelusa de lana de tu monstruosa bufanda?
B – Madre, es trabajo, si muero será culpa suya. Solicítame una póliza de viaje a Mapfre, saca las Samsonite del trastero y llama a Movistar para que me activen el ‘roaming‘ entre Haití y España.
M – Hija, ¿Ya tienes hotel reservado?
B – Eso corre de cuenta de Juan Pablo de Laiglesia, secretario de estado para Iberoamérica. Pero está todo roto, posiblemente me quede en el aeropuerto de Puerto Príncipe.
M – Ay, hija, ¡Te voy a preparar unos fiambres! ¡Guárdatelos bajo el sujetador para que no te los quite nadie!
B – No, madre, lo detectarían los escáneres de los aeropuertos, no puedo llevar comida, ya me darán algo de los fardos de ayuda humanitaria.
M – Sigo sin entenderte, hija, ¡con las desgracias que pasan por el mundo! ¿O ya te has olvidado de José Couso?
B – Tengo miedo, pero no pasará nada, volveré con los billetes saliéndome por las orejas. Y si no, ¡pídele cuentas a Moratinos y a mi jefe por obligarme a salir!
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